Ya tienes tu idea. Sabes perfectamente cuál será el sector. Tienes el modelo de negocio. Sabes cómo captarás clientes. Conoces cuáles serán tus ventajas competitivas. Y, sobretodo, tienes ganas de empezar YA. Pero antes de poder empezar a funcionar hay que tomar una decisión importante. Qué es mejor, ¿sociedad o autónomo? ¿Debo constituir una empresa o operar como empresario individual? En este post analizaremos cuál es la mejor forma de realizar tu actividad profesional desde el punto de vista legal.

 

Antes de Empezar: Una Pequeña Advertencia

 

No existe una respuesta universal a esta pregunta. Si es mejor operar como autónomo o bien constituir una sociedad va a depender de tu situación particular.

Asimismo, en este artículo analizaremos una serie de aspectos que debes tener en cuenta en el momento de decidir qué estructura empresarial te conviene más.

Deberás poner todos los factores que analizaremos en este post sobre una balanza y ver qué lado tiene más relevancia.

Será tu situación en concreto la que dictamine cuál de ellos tiene más peso que los otros. Esto, finalmente, te permitirá decidir cuál de las dos opciones escoger.

¿Preparad@? ¡Pues vamos allá!

 

7 FACTORES A TENER EN CUENTA AL DECIDIR SI OPERAR POR SOCIEDAD O COMO AUTÓNOMO

 

 

1. CONSTITUCIÓN DE LA EMPRESA

 

Empecemos por el inicio: el momento de constitución empresarial.

Si empiezas a operar como autónomo, no existe ningún requisito legal que te obligue a aportar una cierta cantidad de capital. Es decir, es un proceso que te sale GRATIS.

Por el lado contrario, hacer sociedad tiene una serie de gastos asociados en el momento de constitución, y no nos referimos únicamente al capital aportado.

Vayamos por partes.

Al montar una empresa (vamos a decir, una Sociedad Limitada), la regulación exige la aportación de 3.000€ como capital social. Este dinero, por supuesto, podrá ser usado para las actividades diarias de la firma.

Pero los desembolsos monetarios no se quedan ahí.

Pues constituir una sociedad requiere una serie de trámites adicionales mucho más complejos que los que existirían si realizáramos nuestras operaciones por cuenta propia.

Tienes que redactar los estatutos, registrarte en el Registro Mercantil, firmar la escritura pública ante notario…

Y, obviamente, todo esto tiene un coste.

Pues seguramente querrás contratar a un abogado especializado en temas de empresa para que te acompañe durante todo el proceso (algo que recomendamos al 100% para evitar problemas de base).

El autónomo, por el contrario, tiene una vida mucho más sencilla en estos trámites de constitución. Con registrarse en la Seguridad Social y en Hacienda (con el modelo 037, el cuál se puede emitir de forma telemática) le será suficiente. ¡Y a coste 0!

Lo que nos lleva al siguiente punto.

 

2. SEGURIDAD SOCIAL 

 

Tanto empresario individual como empresa societaria pagarán en concepto de seguridad social cierta cantidad al mes.

La diferencia es de qué cantidad estamos hablando exactamente. Y aquí encontramos otra gran discrepancia.

Pues el autónomo pagará mucho menos: si puede acogerse a las bonificaciones disponibles, pagará una tarifa plana de 50€ mensuales los primeros 6 meses (si reúne determinadas condiciones). Los 6 meses posteriores, podrá disfrutar de una reducción de la tarifa de un 50%, y los siguientes 6 una reducción del 30%. Todos estos porcentages aplicados sobre la base mínima. 

Por otro lado, la sociedad deberá hacer un esfuerzo de caja mayor. 280€ al mes durante el primer año.

 

3. RESPONSABILIDAD y PATRIMONIO EMPRESARIAL

 

El tema del patrimonio y la responsabilidad es sin duda uno de los temas más importantes.

Pues el riesgo es un factor que juega un papel fundamental en cualquier negocio, y deberemos anteponernos al mismo.

Saber que podemos perder nuestra casa si el negocio va mal puede ser una idea que decante nuestra decisión sobre si escoger constituir una sociedad limitada o operar como autónomo.

Así que, ¿cuál es la principal diferencia en este sentido?

Encontramos aquí el primer apartado en el que el autónomo “saldría perdiendo” dentro de los vistos hasta el momento.

Pues este responde con todos su patrimonio, presente y futuro, ante posibles pérdidas que contraiga derivadas de su actividad.

Patrimonio empresarial y patrimonio personal se convierten en términos equivalentes.

Si es un tema que nos preocupa especialmente y no queremos asumir tanto riesgo, deberemos iniciar una sociedad.

Pues con esta estructura empresarial estaremos protegiendo nuestro patrimonio: únicamente responderemos con el capital social que hayamos aportado.

Si no estamos dispuestos a arriesgar nuestras propiedades o posesiones en caso de que el negocio no vaya de forma esperada, deberemos montar una sociedad. Si por el contrario somos amantes del riesgo y éste no es un factor que nos quite el sueño, probablemente operar como autónomo sea una mejor opción.

Sin embargo, en el apartado de financiación veremos que la limitación de la responsabilidad no es tan directa y sencilla como parece.

 

4. CONTABILIDAD

 

Otro factor importante, que requerirá una inversión sobretodo temporal y de esfuerzo, será la contabilidad empresarial.

Si no queremos complicaciones en este sentido, optaremos por funcionar como empresario individual.

Pues éstos únicamente deben registrar las facturas emitidas y las recibidas. Atienden a una contabilidad básica.

Por el lado contrario, una vez constituimos una sociedad, entraremos en el tedioso mundo del Plan General Contable (PGC).

Deberemos llevar una contabilidad completa, realizando declaraciones trimestrales e incluso algunas de carácter mensual.

Esto ya no solo nos quitará tiempo, sino que además, en muchas ocasiones, supondrá cierto coste monetario.

Pues lo que recomendamos desde Balcells Group es que externalices este tipo de tareas. Al fin y al cabo, el empresario debe centrarse en aquello que se le da bien: el “core” de su actividad empresarial.

Y, muchas veces, la contabilidad requiere la dedicación de un tiempo que podríamos estar invirtiendo en captar nuevos clientes o prestar nuevos servicios (que es lo que nos da dinero realmente).

Sin embargo debemos llevar el registro contable.

¿Cuál es la mejor opción? Dejar que un profesional lleve la contabilidad de tu empresa. Nosotros mismos ofrecemos servicios de contabilidad mensual tanto para autónomos como para sociedades

 

5. FISCALIDAD

 

Aquí viene otro de los factores más importantes y que sin duda será un determinante crucial en el momento de tomar nuestra decisión: cuántos impuestos vamos a pagar como sociedad y cuántos impuestos pagaremos como autónomos.

Para ello debemos entender qué impuestos exactamente paga el autónomo y qué impuestos exactamente paga la SL, ya que son de naturaleza y tipología diferente:

 

IMPUESTOS QUE PAGARÁS COMO AUTÓNOMO

 

Bajo el régimen fiscal el autónomo es considerado una persona física. Así, son 4 los principales impuestos a pagar como empresario individual:

  • IRPF. Se trata de un impuesto progresivo sobre la renta o beneficio que ganas. A medida que ganas más, mayor es el tipo impositivo que se te aplicará. Podemos ver los tramos actuales en la siguiente tabla:

 

sociedad o autonomo

 

  • Impuesto sobre el Patrimonio. Es un impuesto pagado una vez al año por el patrimonio que se disponga como empresa. Por ejemplo, si tienes tantos ordenadores o tantos dispositivos móviles, pagarás un impuesto según dichos activos.
  • Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Se trata de un tipo impositivo aplicado a las transmisiones patrimoniales que se producen por herencia o bien por donación. Si yo como empresario fallezco y todo el negocio se transfiere a mi hijo, dicha transmisión tributará por el ISD.
  • IVA. El Impuesto sobre el Valor Añadido no es un factor diferencial: pues tanto empresario individual como sociedad lo acaban pagando. Por ejemplo, cuando realizamos una factura (y dependiendo del tipo de servicio) se aplicará un tipo de IVA o no.

 

IMPUESTOS QUE PAGARÁS COMO SOCIEDAD

 

Una sociedad es considerada persona jurídica bajo régimen fiscal, por lo que los impuestos que se le aplican son completamente diferentes (a excepción del IVA, que como hemos comentado, es común en ambos casos):

  • Impuesto de Sociedades (IS). En este caso, se trata de un impuesto de tipo fijo del 25% sobre los beneficios de la empresa.
  • ITP. El Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales graba las diferentes operaciones de carácter societario que se den durante su vida, tales como ampliaciones de capital, liquidación, fusiones, escisiones, etc.

 

CONCLUSIÓN: SOCIEDAD O AUTÓNOMO SEGÚN IMPUESTOS A PAGAR

 

Una vez entendemos los diferentes tipos de impuestos que pagaremos bajo una estructura y bajo la otra, podemos valorar la situación.

Como regla general, podemos afirmar que si esperas pocos beneficios, la mejor alternativa será establecerse como autónomo. Pues el tramo impositivo del IRPF no llegará al nivel fijo del impuesto de sociedades.

Sin embargo, a altos niveles de beneficios, una sociedad será mejor opción, pues al ser un tipo fijo del 25% hará que la carga impositiva sea menor que si nos basáramos en el progresivo IRPF (el cuál puede llegar al 45%).

 

6. FINANCIACIÓN

 

Tanto en el momento en el que arrancamos nuestras operaciones como en el punto en que éstas empiezan a funcionar de forma exitosa, recurrir a la financiación bancaria suele ser una idea común.

Pues bien, acceder a dichos recursos monetarios no será igual de fácil siendo autónomos o siendo sociedad.

Una sociedad limitada tendrá acceso al capital externo de forma mucho más simple.

El hecho de estar mucho más establecida a nivel lega y sobretodo el hecho de disponer de una contabilidad que permita mostrar de forma clara la situación patrimonial y financiera de la empresa (y así su solvencia) son garantías que un empresario individual no puede ofrecer.

Asimismo, si esperamos contar con financiación bancaria, la sociedad será el mejor camino.

No obstante, debemos relacionarlo con el tema de la responsabilidad anteriormente mencionada.

Como hemos comentado, iniciar una sociedad supone limitar la responsabilidad al capital aportado. Pero encontramos aquí un problema.

El banco, para concederte un préstamo, te pedirá un aval. Es por ello que, en caso de estar constituido como sociedad, deberás aportar parte de tu patrimonio personal para cumplir dicha función (pues la sociedad no puede hacerlo en este caso, ya que únicamente habíamos aportado los 3.000€ de capital inicial).

Por lo tanto, la ventaja de reducir la responsabilidad montando sociedad queda diluida si queremos pedir un préstamo.

 

7. OPCIONES DE CRECIMIENTO

 

Pasemos ahora a pensar en el largo plazo. ¿Y si llega el momento en el que deseamos expandir nuestro negocio?

En ese caso, la sociedad sin duda sale favorecida.

El hecho de estar compuesta a través de participaciones hace que la gestión de los socios y ampliaciones de capital sean una tarea mucho más sencilla.

 

CONCLUSIÓN: QUÉ OPCIÓN ES MEJOR, ¿CONSTITUIRSE COMO AUTÓNOMO O COMO SOCIEDAD?

 

Como hemos ido viendo a lo largo de todo este post, no hay una opción mejor que otra.

La decisión de constituir una sociedad o operar como autónomo/empresario individual dependerá de nuestra situación particular y del peso que le demos a cada uno de los factores analizados.

Sin embargo, el proceso habitual suele empezar con el empresario operando como autónomo, y haciendo la transición a sociedad con el paso del tiempo.

¿A qué se debe esta secuencia?

Pues bien, “Si empiezas como autónomo siempre podrás cambiar a sociedad, mientras que si empiezas como sociedad, no tendrás la opción de volver atrás y convertirte en autónomo”.

 

que es mejor autonomo o sociedad

 

Como resumen definitivo, podemos afirmar que por temas de facilidad en la constitución, sencillez contable y desembolso monetario en seguridad social, ser autónomo es mejor vía.

Si nos fijamos en la limitación de la responsabilidad y protección del patrimonio, financiación bancaria y posibilidad de expansión, montar una sociedad será la opción a elegir.

 

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Ahora conoces los factores más importantes para tomar tu decisión.

Pero si aún así no lo tienes claro…

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